IN HOC SIGNO VINCIS -MaRCo g. -

Wednesday, November 16, 2005

Ragnarökr

La vecina amenazó de muerte a todos mis gatos.
Los gatos revolvían la tierra de sus macetas, tomaban el sol en su patio y arañaban el vehículo familiar.
La vecina describió exactamente lo que haría con mis gatos: mezclaría H-24 líquido con carne molida y la distribuiría por el patio. Los gatos morirían envenenados.
En un lapso de dos semanas murieron todos los gatos. Incluso los que no eran míos, venían a morir a la casa. No podía yo hacer nada. Veía al último gato, sano y aún robusto, con la vaga desesperanza de que instintivamente y sin sacar conclusiones daría con el veneno un día y salivoso, flaco, convulso, rubricara la profecía del genocidio y la redención tóxica de su especie.
La gata moría mientras amamantaba a sus gatitos. Era la matriarca de esta grey. La más resistente a la matanza. Entraba tambaleándose, luego de vomitar no sé que cosas, babeando, temblando a veces, se tiraba junto a los gatos y sombríamente apenas dejaba salir un irregular ido ronroneo, quizá como para querer convencer a los gatitos que habría esperanza de sobrevivencia y en su mundo aún ciego, para la especie todo saldría bien.
Me pregunto si sabía su destino. Me pregunto si sabía que era futil su esfuerzo. Si de algún modo instintivamente los gatos reconocen cuando un ronroneo es falso. Si el dolor mortal de abdomen le mataría en cuestión de horas, dejando a los gatitos descriados, de por sí desnutridos, y que a su vez estos morirían de inanición.
¿Cúal era el caso?

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